Viajar a China supone enfrentarse a un destino de dimensiones enormes, con ciudades gigantescas, paisajes muy distintos entre sí y una cultura que cambia considerablemente de una provincia a otra.
Precisamente por eso, preparar bien el itinerario antes de salir resulta fundamental. No es un país especialmente complicado para recorrer por libre, pero sí exige tener claros algunos aspectos básicos relacionados con los vuelos, los desplazamientos internos, la conectividad o la elección de los destinos.
Para quienes están pensando en viajar a China desde España, una de las primeras decisiones debería ser determinar qué tipo de viaje quieren realizar. No es lo mismo organizar una primera ruta por Pekín, Xi’an y Shanghái que dedicar dos semanas a regiones menos conocidas como Yunnan.
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¿Cuántos días hacen falta para viajar a China?
Para una primera visita, disponer de entre diez y quince días permite conocer varios de sus lugares más conocidos sin tener que cambiar de ciudad constantemente. Con tres semanas, resulta más sencillo combinar grandes ciudades con destinos naturales o zonas rurales.
Uno de los errores más habituales consiste en intentar incluir demasiados puntos en el mapa.
Las distancias son enormes y, aunque la red de trenes de alta velocidad facilita mucho los desplazamientos, cada cambio de alojamiento implica tiempo adicional entre estaciones, controles y traslados.
Por eso es preferible visitar cuatro lugares con tranquilidad que intentar recorrer siete u ocho ciudades en un mismo viaje.
Elegir el aeropuerto de entrada
Pekín y Shanghái suelen ser dos de las principales puertas de entrada internacionales al país, aunque la mejor opción dependerá siempre de la ruta y de las conexiones disponibles.
Antes de comprar los vuelos conviene comparar también itinerarios multidestino. Entrar, por ejemplo, por Pekín y regresar desde Shanghái puede evitar tener que retroceder únicamente para coger el vuelo de vuelta.
Cuando la ruta incluye provincias alejadas de los principales centros turísticos, también puede resultar interesante combinar trenes con vuelos internos.
Preparar el móvil antes de salir
El teléfono móvil tiene un papel especialmente importante durante un viaje por China.
Se utiliza para consultar mapas, traducir textos, reservar transportes, buscar restaurantes y realizar numerosos pagos. Preparar estas herramientas antes de aterrizar facilita considerablemente los primeros días.
También conviene informarse sobre las opciones de conexión a Internet disponibles y comprobar qué aplicaciones funcionan habitualmente en el país.
El tren, uno de los mejores aliados del viajero
Moverse en tren es una de las formas más cómodas de recorrer buena parte de China.
Las conexiones de alta velocidad permiten enlazar muchas de las principales ciudades en pocas horas. En rutas clásicas resulta relativamente sencillo combinar Pekín, Xi’an y Shanghái utilizando únicamente el ferrocarril.
Cuando se viaja hacia regiones más alejadas, como Yunnan, puede resultar más eficiente recurrir a vuelos domésticos para alguno de los trayectos y continuar después en tren.
Yunnan, una China completamente diferente
Quienes quieran alejarse de las rutas más habituales pueden encontrar en Yunnan una de las regiones más interesantes del país.
Situada en el suroeste de China y próxima a Myanmar, Laos y Vietnam, la provincia destaca por sus paisajes montañosos, sus ciudades históricas y su gran diversidad cultural.
Decidir qué ver en Yunnan depende mucho del número de días disponibles, ya que las distancias dentro de la propia provincia también son considerables.
Kunming suele funcionar como principal punto de entrada. Desde allí, muchos itinerarios continúan hacia Dali, Lijiang y Shangri-La.
Dali y su entorno natural
Dali es uno de los destinos más conocidos de Yunnan.
Su casco histórico, las montañas Cangshan y el lago Erhai permiten combinar patrimonio y naturaleza en un mismo punto de la ruta.
Además de visitar la ciudad antigua, resulta interesante recorrer los alrededores del lago y descubrir pequeñas localidades situadas en sus orillas.
Lijiang y las montañas
Más al norte se encuentra Lijiang, conocida por su ciudad antigua y por el espectacular entorno montañoso que la rodea.
La zona sirve también como punto de partida para explorar otros lugares de la provincia.
Entre ellos destaca la Garganta del Salto del Tigre, uno de los paisajes naturales más conocidos de Yunnan y un destino especialmente atractivo para quienes disfrutan del senderismo.
Shangri-La, cerca del Tíbet
Continuando hacia el norte aparece Shangri-La, situada a una altitud considerablemente mayor.
El paisaje y la cultura cambian progresivamente y la influencia tibetana adquiere una presencia mucho más visible.
Monasterios, montañas y grandes espacios naturales convierten esta parte del itinerario en una experiencia muy distinta a la que ofrecen las grandes metrópolis chinas.
El sur de Yunnan
Aunque buena parte de los viajeros se concentra en el recorrido entre Kunming, Dali, Lijiang y Shangri-La, Yunnan es mucho más extensa.
El sur de la provincia permite descubrir paisajes completamente diferentes, con climas más cálidos, plantaciones y territorios próximos al sudeste asiático.
Quien disponga de suficiente tiempo puede incluso dedicar prácticamente todo su itinerario a Yunnan sin necesidad de combinarla con otros puntos de China.
Dejar tiempo para disfrutar del viaje
La escala de China hace que la planificación sea importante, pero tampoco conviene convertir el viaje en una carrera.
Dejar alguna tarde libre, pasear sin una ruta concreta o detenerse en pequeños restaurantes forma parte de la experiencia.
En regiones como Yunnan esto cobra todavía mayor importancia. Buena parte del atractivo no está únicamente en los monumentos, sino en los paisajes, los mercados, los trayectos y las diferencias culturales que aparecen al desplazarse de una localidad a otra.
China puede abordarse de muchas maneras. Una primera ruta permite conocer algunos de sus grandes iconos, mientras que las siguientes pueden centrarse en regiones concretas.
Yunnan demuestra precisamente hasta qué punto el país cambia cuando se abandona el itinerario más habitual.
