Las placas tectónicas de España no forman un límite simple que atraviese la Península de lado a lado. La mayor parte del territorio peninsular está integrada en la placa Euroasiática, pero el sur se encuentra muy cerca de una amplia zona de deformación donde esta interactúa con la placa Africana o Nubia. Esa proximidad explica que Andalucía oriental, Murcia, el mar de Alborán y el entorno del golfo de Cádiz concentren buena parte de la actividad sísmica española.
España tiene terremotos prácticamente todos los años y muchos pasan inadvertidos por su pequeña magnitud. Los seísmos capaces de causar daños graves son bastante menos frecuentes, aunque la historia demuestra que sí pueden producirse terremotos importantes. El riesgo no es igual en Granada que en Madrid, ni responde exactamente a las mismas causas en Canarias que en la Península.
Contenido de la página
Qué placas tectónicas afectan a España
Las dos grandes placas que explican la mayor parte de la tectónica española son la Euroasiática y la Africana.
La Península Ibérica se encuentra actualmente integrada, a grandes rasgos, en la placa Euroasiática. Al sur se sitúa la placa Africana, que se desplaza lentamente respecto a Eurasia.
El contacto entre ambas no consiste en una única grieta perfectamente definida. Es una franja de deformación muy extensa y compleja que abarca desde el Atlántico próximo a las Azores y el golfo de Cádiz hasta el Mediterráneo occidental.
| Zona | Contexto tectónico principal | Actividad sísmica relativa |
| Andalucía oriental | Convergencia África-Eurasia y fallas activas | Alta para España |
| Mar de Alborán | Zona compleja de deformación entre África y Eurasia | Alta |
| Murcia y sur de Alicante | Fallas activas de las Cordilleras Béticas | Alta |
| Golfo de Cádiz | Límite difuso África-Eurasia | Moderada-alta, con potencial para grandes terremotos |
| Pirineos | Fallas heredadas de la colisión ibérica-europea | Moderada |
| Galicia y noroeste | Reactivación de fallas antiguas | Baja-moderada |
| Meseta central | Interior relativamente estable | Baja |
| Canarias | Interior de la placa Africana y volcanismo | Sismicidad principalmente volcánica y tectónica local |
La consecuencia más importante es que España no está situada sobre una frontera de placas tan definida como Japón, Chile o California, pero tampoco puede considerarse un territorio tectónicamente inactivo.
¿Existe realmente una placa Ibérica?
La expresión placa Ibérica aparece con frecuencia y necesita una aclaración.
Durante etapas anteriores de la historia geológica, Iberia tuvo un comportamiento suficientemente independiente como para hablar de una placa o microplaca Ibérica. Sus movimientos respecto a Europa y África fueron fundamentales para formar estructuras como los Pirineos.
En la configuración actual, sin embargo, la Península se considera esencialmente integrada en la placa Euroasiática.
Por eso decir simplemente que «España está sobre la placa Ibérica» puede resultar engañoso si se interpreta como una gran placa tectónica independiente comparable a la Africana o la Euroasiática.
El antiguo movimiento de Iberia dejó numerosas fallas y estructuras geológicas que todavía pueden reactivarse bajo los esfuerzos actuales.
Por qué chocan África y Eurasia
La placa Africana se mueve lentamente respecto a la Euroasiática.
Estamos hablando de desplazamientos del orden de milímetros al año, no de centímetros diarios perceptibles por las personas.
Parece una cantidad insignificante, pero la tectónica funciona durante millones de años.
Cuando las rocas situadas a ambos lados de una falla quedan bloqueadas mientras continúa el movimiento regional, se va acumulando deformación. Si la resistencia de la falla termina siendo superada, se produce un desplazamiento repentino.
Ese movimiento libera energía en forma de ondas sísmicas.
Eso es un terremoto.
Por qué el sur y sureste de España tienen más terremotos
La distribución de la sismicidad española no es aleatoria.
El sur y sureste peninsular están mucho más próximos a la región donde se acomoda la convergencia entre África y Eurasia.
Las Cordilleras Béticas, el mar de Alborán y el Rif marroquí forman parte de un sistema geológico especialmente complejo.
La deformación no se concentra en una única falla, sino que se reparte entre numerosas estructuras.
Por eso pueden producirse terremotos en lugares diferentes de Andalucía oriental, Murcia, el norte de Marruecos y el propio mar de Alborán.
Granada, una de las zonas sísmicamente más activas
Granada es probablemente el territorio que más claramente asocia el público español con los terremotos.
La provincia se encuentra dentro de las Cordilleras Béticas y posee numerosas fallas capaces de generar sismicidad.
Gran parte de los terremotos registrados son pequeños, pero ocasionalmente se producen secuencias en las que aparecen decenas o centenares de movimientos durante días o semanas.
Eso fue precisamente lo que ocurrió durante la conocida serie sísmica de Granada de 2020-2021, con numerosos temblores sentidos por la población.
Una sucesión de terremotos de este tipo no significa necesariamente que vaya a producirse después uno mucho mayor.
El terremoto de Andalucía de 1884
La historia ofrece un ejemplo mucho más serio.
El terremoto de Andalucía del 25 de diciembre de 1884, conocido también como terremoto de Arenas del Rey, afectó principalmente a zonas de Granada y Málaga.
Su magnitud se estima aproximadamente alrededor de 6,5, aunque al tratarse de un terremoto anterior a la instrumentación sísmica moderna las cifras son reconstrucciones.
Destruyó numerosos edificios y provocó centenares de víctimas.
Es uno de los mejores recordatorios de que la sismicidad del sur peninsular no se limita a pequeños temblores sin consecuencias.
Murcia y la falla de Alhama de Murcia
La Región de Murcia pertenece también a las áreas españolas de mayor actividad tectónica.
Una de sus estructuras más relevantes es la falla de Alhama de Murcia, perteneciente a un sistema de fallas activas del sureste peninsular.
El peligro quedó especialmente claro con el terremoto de Lorca del 11 de mayo de 2011.
Su magnitud momento fue de alrededor de 5,1, una cifra que en otras circunstancias podría producir daños relativamente limitados.
En Lorca causó, sin embargo, consecuencias graves.
Por qué el terremoto de Lorca causó tantos daños con magnitud 5,1
La magnitud por sí sola no determina el impacto de un terremoto.
El de Lorca fue:
muy superficial y muy próximo a la ciudad.
Eso hizo que las ondas sísmicas llegaran con gran intensidad a las zonas habitadas.
También influyeron factores como las características de los edificios, el terreno y la vulnerabilidad de determinadas construcciones.
Esta distinción es esencial:
magnitud mide el tamaño físico del terremoto.
Intensidad describe los efectos del movimiento en un lugar concreto.
Un terremoto moderado situado prácticamente debajo de una población puede resultar más dañino allí que otro más grande pero muy profundo o lejano.
Almería y el mar de Alborán
El entorno de Almería y el mar de Alborán constituye otra zona fundamental para comprender la tectónica española.
Aquí convergen diferentes sistemas de fallas y movimientos de la corteza asociados a la compleja interacción entre África y Eurasia.
Una parte considerable de los terremotos se produce bajo el mar.
Eso significa que pueden sentirse en las costas de:
Andalucía, Murcia, Melilla, Marruecos y Argelia, dependiendo de su localización y magnitud.
En enero de 2016 se produjo cerca de Alborán un terremoto de magnitud superior a 6 que fue ampliamente sentido en Melilla y otras zonas del sur peninsular y norte de África.
Alicante también tiene actividad sísmica
El riesgo del sureste no termina al cruzar la frontera de Murcia.
El sur de la provincia de Alicante, especialmente la Vega Baja, pertenece también a una región tectónicamente activa.
Aquí se produjo uno de los terremotos históricos más destructivos de España: el terremoto de Torrevieja de 1829.
Provocó graves daños y destruyó numerosas construcciones.
La actual normativa de construcción sísmica y el conocimiento de las fallas hacen que el contexto sea muy diferente al del siglo XIX, pero el episodio ayuda a comprender por qué el sureste aparece señalado en los mapas españoles de peligrosidad sísmica.
El golfo de Cádiz y el mayor peligro potencial
Al suroeste de la Península se encuentra una zona especialmente interesante: el golfo de Cádiz y el Atlántico situado entre Iberia y el norte de África.
Aquí se desarrolla otra parte de la compleja frontera entre las placas Africana y Euroasiática.
La sismicidad cotidiana puede parecer menos llamativa para un habitante peninsular que la de Granada, pero existe capacidad para generar terremotos de gran tamaño mar adentro.
El ejemplo histórico más extremo ocurrió el 1 de noviembre de 1755.
El terremoto de Lisboa de 1755 también afectó gravemente a España
Aunque popularmente se denomina terremoto de Lisboa, su origen estuvo en el Atlántico al suroeste de la Península, no bajo la ciudad portuguesa.
Se estima que alcanzó una magnitud enorme, posiblemente del orden de 8,5 a 9, aunque no puede conocerse con la precisión disponible para los terremotos actuales.
El movimiento produjo un tsunami que golpeó las costas atlánticas.
España también sufrió importantes efectos, especialmente en Andalucía occidental.
Cádiz, Huelva y otros puntos costeros experimentaron la llegada del tsunami.
Esto demuestra que el riesgo sísmico español no procede exclusivamente de terremotos cuyo epicentro esté dentro de las fronteras terrestres del país.
Los Pirineos también registran terremotos
La segunda gran región peninsular que merece atención son los Pirineos.
Su origen está relacionado con la antigua colisión entre Iberia y Europa.
Aunque la fase principal de formación de la cordillera terminó hace millones de años, todavía existen fallas y estructuras capaces de experimentar movimientos.
La sismicidad pirenaica afecta principalmente a sectores de:
- Navarra;
- Aragón;
- Cataluña;
- sur de Francia.
Generalmente es menos intensa que la del sureste de la Península, pero no es inexistente.
Históricamente se han producido terremotos importantes en el entorno pirenaico.
Cataluña no tiene el mismo riesgo en todas partes
Dentro de Cataluña, la actividad tampoco es uniforme.
Las zonas próximas a los Pirineos y Prepirineos presentan mayor actividad que buena parte del interior y del litoral central.
Además existen fallas repartidas por el noreste peninsular capaces de producir terremotos pequeños y moderados.
Barcelona puede sentir algunos terremotos cuyo epicentro se encuentra lejos, pero eso no significa que tenga la misma peligrosidad sísmica que Granada o Murcia.
La distancia a las estructuras activas es uno de los factores fundamentales.
Galicia también registra terremotos
El noroeste peninsular se encuentra lejos de la principal zona de contacto África-Eurasia, pero Galicia registra sismicidad.
Existen numerosas fallas antiguas en la corteza.
Los esfuerzos tectónicos actuales pueden reactivar algunas de ellas y producir pequeños terremotos.
Una de las áreas que ha mostrado actividad sísmica es el entorno de Lugo y el sureste gallego, donde se han registrado series de movimientos sentidos por la población.
Esto demuestra un principio importante: un territorio puede experimentar terremotos aunque no se encuentre justo encima de un límite de placas.
Madrid y la Meseta tienen mucho menos riesgo
El interior de la Península presenta, en términos generales, una actividad sísmica menor.
Madrid, Castilla-La Mancha y buena parte de Castilla y León se encuentran en zonas relativamente estables comparadas con Andalucía oriental o Murcia.
Eso no equivale a riesgo cero.
Existen fallas antiguas y pueden producirse movimientos locales.
También pueden sentirse terremotos originados a cientos de kilómetros de distancia si tienen suficiente magnitud.
Pero la probabilidad de actividad sísmica significativa es claramente menor que en las regiones del sur y sureste.
¿Y Asturias, Cantabria y el norte peninsular?
La cornisa cantábrica tampoco se encuentra entre las áreas españolas de mayor sismicidad.
Pueden registrarse terremotos pequeños y ocasionalmente alguno suficientemente intenso para ser sentido, pero la frecuencia y peligrosidad son menores que en el sureste.
Esto permite establecer una división simplificada de España:
sureste y sur: mayor actividad.
Pirineos: actividad significativa pero generalmente menor.
noroeste y otras áreas: terremotos ocasionales.
gran parte de la Meseta: actividad baja.
No debe entenderse como una frontera rígida, sino como una comparación de probabilidades.
Canarias: terremotos por una razón diferente
Las islas Canarias merecen un apartado propio porque su contexto geológico no es el mismo que el de Granada o Murcia.
El archipiélago se encuentra sobre la placa Africana, lejos del límite principal con Eurasia.
Su actividad sísmica está muy relacionada con el volcanismo.
Cuando el magma se desplaza bajo una isla puede fracturar las rocas y producir numerosos pequeños terremotos.
Estos enjambres sísmicos son una de las señales utilizadas para estudiar la evolución de la actividad volcánica.
El ejemplo de la erupción de La Palma
Antes y durante la erupción de Cumbre Vieja en La Palma en 2021, se registraron miles de terremotos.
Muchos eran pequeños.
Su localización y profundidad ayudaban a seguir el movimiento del magma bajo la isla.
Por tanto, comparar directamente un terremoto volcánico canario con uno producido en una falla de Granada puede resultar engañoso.
Los dos generan ondas sísmicas, pero su contexto geológico puede ser muy diferente.
Baleares y el Mediterráneo occidental
Las islas Baleares se encuentran dentro del complejo contexto del Mediterráneo occidental, aunque no constituyen una de las regiones españolas de mayor sismicidad.
Pueden producirse terremotos en el mar circundante y algunos ser sentidos en las islas.
El Mediterráneo occidental contiene numerosas estructuras creadas durante millones de años de evolución tectónica.
Por ello, aunque Baleares tenga una peligrosidad menor que el entorno de Alborán, no puede considerarse una región completamente ajena a la actividad sísmica.
Ceuta y Melilla están especialmente cerca de la zona activa
La situación de Ceuta y Melilla es diferente a la de buena parte de la Península.
Ambas ciudades se encuentran en el norte de África, cerca de la gran zona de deformación entre las placas Africana y Euroasiática.
Melilla, en particular, puede sentir con intensidad los terremotos que se producen en:
mar de Alborán, Rif y áreas próximas del Mediterráneo occidental.
Su posición geográfica explica que algunos terremotos cuyo epicentro está fuera del territorio español puedan tener allí efectos perceptibles.
Cuáles son las zonas de España con mayor actividad sísmica
Si hubiera que ordenar las principales áreas españolas por relevancia tectónica, la parte superior estaría ocupada por el sur y sureste peninsular.
Las regiones que requieren mayor atención son Andalucía oriental, Murcia, sur de Alicante, mar de Alborán y el entorno atlántico del golfo de Cádiz.
Los Pirineos constituyen otro foco claramente identificable.
Pero actividad sísmica y riesgo sísmico no son exactamente lo mismo.
Un lugar puede registrar muchos terremotos pequeños y tener un riesgo limitado.
Otro puede sufrir pocos, pero estar expuesto a un terremoto raro y mucho mayor.
Peligrosidad sísmica y riesgo sísmico no significan lo mismo
Esta diferencia permite interpretar correctamente los mapas.
La peligrosidad sísmica describe la probabilidad y fuerza esperable del movimiento del terreno.
El riesgo sísmico incorpora además lo que puede resultar dañado.
Depende de factores como:
población + edificios + infraestructuras + vulnerabilidad.
Un fuerte terremoto en una región deshabitada puede producir un riesgo humano reducido.
El mismo movimiento bajo una ciudad densamente poblada puede provocar consecuencias mucho mayores.
Por eso la calidad de la construcción es fundamental.
¿Puede haber un gran terremoto en España?
Sí, aunque son mucho menos frecuentes que los pequeños y moderados.
La Península no posee el nivel de actividad de regiones situadas sobre grandes zonas de subducción como Chile o Japón.
Eso reduce considerablemente la frecuencia de terremotos extremos.
Pero el registro histórico demuestra que España y sus aguas próximas pueden verse afectadas por eventos importantes.
Los terremotos de 1755, 1829 y 1884 son suficientes para demostrarlo.
La cuestión correcta no es si España puede sufrir terremotos graves, sino con qué frecuencia pueden ocurrir y qué zonas presentan mayor exposición.
¿Se puede predecir el próximo terremoto?
No existe actualmente un método capaz de decir con precisión:
día + hora + lugar + magnitud
del próximo terremoto importante.
Los científicos pueden identificar fallas, estudiar terremotos anteriores y calcular probabilidades.
Eso permite elaborar mapas de peligrosidad y mejorar las normas de construcción.
Pero no permite anunciar que un terremoto determinado ocurrirá el próximo martes.
Los enjambres de pequeños seísmos tampoco significan necesariamente que esté aproximándose uno grande.
A veces preceden a eventos mayores; muchas otras veces terminan sin que ocurra ninguno.
Por qué conocer las fallas sigue siendo útil aunque no puedan predecirse terremotos
No poder predecirlos no significa estar indefensos.
La reducción del riesgo se basa principalmente en:
conocer dónde pueden producirse + construir adecuadamente + preparar a la población.
Los edificios diseñados para resistir movimientos sísmicos reducen enormemente la probabilidad de colapso.
También importa asegurar elementos no estructurales, diseñar correctamente infraestructuras y disponer de planes de emergencia.
La ingeniería salva muchas más vidas que intentar adivinar la fecha del siguiente terremoto.
La clave para entender las placas tectónicas de España
España ocupa una posición tectónica más compleja de lo que sugiere cualquier mapa escolar con dos grandes placas separadas por una línea.
La placa Euroasiática domina la Península, mientras que la Africana se aproxima desde el sur. Entre ambas existe una ancha región deformada en la que participan numerosas fallas del Atlántico, las Cordilleras Béticas, el mar de Alborán y el norte de África.
De ahí surge el patrón sísmico español: Granada, Almería, Murcia y el mar de Alborán concentran una actividad notable; el golfo de Cádiz tiene potencial para eventos muy grandes; los Pirineos mantienen sismicidad propia y Canarias responde principalmente a su contexto volcánico.
España no vive bajo una amenaza sísmica constante comparable a la de las regiones más activas del planeta, pero tampoco es geológicamente inmóvil. Las montañas, fallas y terremotos actuales son distintas expresiones de un mismo proceso extremadamente lento: África y Eurasia continúan moviéndose, y la corteza situada entre ambas sigue adaptándose a ese movimiento.
